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Loca por mi tutúNo puedo dejar de estar loca por mi tutú ya que con el he vivido las aventuras, desventuras y torpezas de mi vida.
La esperanza de Rachel sobre el amor

La esperanza de Rachel sobre el amor

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La esperanza de Rachel sobre el amor fue basada en dos seres de carne y hueso.

Ya pisando el suelo de Los Ángeles la muchacha sentía que tenía que recorrer cada rincón para encontrar a John.

De barra en barra, de esquina a esquina podría estar él sin saber que Mía seguía con vida.

La última vez que vio a la pareja fue la noche del percance, donde John pensó que su mujer había muerto.

Ella no había cruzado palabra con el joven guitarrista, antes de la noche del terrible suceso, cierto es también que no fue la primera vez que vio a ese par de locos amantes furtivos.

Tiempo antes de aquel trágico accidente…

Rachel fracaso tras fracaso, decepción tras decepción dejó de creer en el amor actual, de gritos de te quiero alardeando y susurros de infidelidad a la vuelta de la espalda.

Hace muchos años ella encontró un gran amor, de esos que no es fácil de encontrar.

Un amor sano a pesar de las dificultades, un amor divertido, un amor con esa inocencia infantil que no queda en nuestra era actual.

Ellos eran unos niños locos de amor, donde nada más en el mundo importaba que ellos dos.

Se conocieron de un modo muy poco convencional cuando tan solo Rachel tenía catorce años y se amaron durante años en distancia, hasta que cuatro años después lograron estar juntos.

Viendo las dificultades que les impedían estar juntos, Rachel inconformista cambió el rumbo de las circunstancias. Trabajó unos meses duramente para comprar los billetes de avión y poder ver a su amor.

Ella engañó a sus padres y se escapó un fin de semana al lugar donde él residía.

Tras ese esperado encuentro, él se fue a la ciudad donde ella residía dejando todo sin mirar atrás porque no soportaban estar separados ni por un momento más de su vida.

Ellos lloraron al verse, no eran capaces de dejar de acariciarse después de cuatro años de deseo por estar juntos, no querían perder más tiempo.

No fue nada fácil estar juntos tuvieron muchas dificultades, complicaciones, personas de su alrededor que les complicaron la existencia. La esperanza de Rachel sobre el amor era junto a él.

Ellos iban por encima del bien, del mal, de las obligaciones, de los consejos ajenos, de los impedimentos.

Vivían el uno para el otro.

Aquel romance que a pesar de finalizar con un abrazo de despedida por la inmadurez de las circunstancias tres años después, fue durante mucho tiempo posterior la esperanza de Rachel sobre el amor

Relaciones que vinieron después donde nunca nada fue tan bonito, tan sincero, tan especial y nunca volvió a sentir aquel amor correspondido que sintió.

Seguía soñando con aquel pasado, comparando a aquellos devoradores de sueños incumplidos, de falsas promesas, de te quieros de consuelo.

Le juraron tantas veces ese amor que llaman eterno hasta que Rachel se convirtió en la musa del recuerdo.

Sus parejas posteriores nunca aceptaron la personalidad de nuestra pelirroja. De algún modo todas las relaciones empezaban igual; bonitos cuentos repletos de ilusiones que después a medida que iba trascurriendo el guion la palabra ¨perdón¨ se convertía en una rutina casi diaria. La esperanza de Rachel sobre el amor.

Ella se mal acostumbró a pedir disculpas por ser independiente, valiente, e inconformista.

Reproches como modo de vida, angustia, ansiedad se repetía en cada una de aquellas relaciones.

Siempre el mismo final; un portazo, la sensación de libertad y alivio que sentía Rachel con cada separación y ruptura.

Esos sueños que le llevaban una y otra vez a aquel primer amor que siempre sería eterno en sus pensamientos. La esperanza de Rachel sobre el amor

Le recordaba cuando las películas hablaban de sentimientos verdaderos, cuando las letras de las canciones tenían esa fuerza que solo generan los sentimientos correspondidos.

Le soñaba años después de aquel abrazo de despedida.

De algún modo él rondaba por su cabeza a destiempo y cuando menos lo necesitaba.

Años después ellos mantuvieron contacto, porque en verdad nunca llegaron a perderlo del todo.

Siete años después decidieron reencontrarse en aquella ciudad en la que tantas cosas buenas vivieron, en ese punto que a ella le servía de punto de referencia para no perderse entre la masificación de edificios.

Tras su encuentro, Rachel fue consciente de que había idealizado con el tiempo a aquel que consideraba el hombre de su vida, y que sus sentimientos quedaron congelados siete años atrás con un abrazo.

Él la mintió en algo absurdo y ella supo que aquel ya no era el hombre de su vida, él bajo ninguna circunstancia la habría mentido.

Él quiso arreglarlo y el muchacho la propuso dejar todo por ella y rehacer una vida en conjunto, Rachel miró el armario de su pequeño piso y pensó; Aquí no cabes amor.

Fue un modo metafórico en el que ella después de tantos años pudo cerrar aquel ciclo que le había mantenido atrapada tanto tiempo.

Siempre llevaría en su recuerdo aquel amor tan profundo y sincero que vivió en su niñez.

Estaba orgullosa porque muchas personas mueren sin conocer un romance tan sincero y ella había tenido esa oportunidad de conocerlo y disfrutarlo.

Fue de ese modo, en el que nuestra pequeña Rachel solo quería pasiones pasajeras sin compromisos y obligaciones, sabía que era el único modo de mantenerse intacta.

Se juró así misma no volverse a enamorar porque el amor los últimos años solo traía a su vida dolor y la recordaba a la traición.

De boca en boca, de cama en cama, pasiones instantáneas cubrían las necesidades sexuales de la damisela y no necesitaba nada más para ser feliz.

Ella trabajaba en una gran multinacional, desde joven siempre asumió responsabilidades laborales por su gran capacidad de gestión y su alta implicación.

En su tiempo libre hacía voluntariado en un centro psiquiátrico de San Francisco. Acompañaba a aquellos enfermos que nunca recibían visitas familiares, siempre con supervisión de algún docente del centro.

La fascinaba entender las mentes ajenas, descubrir quien eran esas personas antes de olvidarse de su propia existencia.

Conversar con los enfermos, seguirles el rollo ante la locura que les enjaulaba en esas paredes tan blancas.

Le parecía preciosa aquella locura, aquel modo tan poco común de escapar de la realidad.

Siempre cogía el mismo tren, a la misma hora, montaba en el mismo vagón y daba la casualidad de que siempre el mismo asiento estaba libre.

Normalmente ella miraba a los pasajeros del tren para observar sus gestos, adivinar sus pensamientos…

Hasta que fue consciente de que una pareja de locos amantes tenían el mismo ritual que ella, a la misma hora, subían en el mismo vagón donde iba Rachel.

Si no recuerdo mal, tres años exactos Rachel llevaba viendo a esta pareja en aquel vagón de tren excepto en épocas estivales de vacaciones.

Era como ver una serie a capítulos cada vez que los amantes subían al tren, ellos no eran conscientes de que eran observados por su espectadora más fiel.

La esperanza de Rachel sobre el amor.

Rachel veía en ellos ese amor que un día ella y su viejo amor llegaron a sentir, se sintió muy identificada cuando los veía reír como si el resto del mundo pasase a un segundo plano y no existiese nada más en el mundo que ellos dos, sin importar las preocupaciones o los problemas diarios.

Aquellas miradas compartidas que irradiaban fuego, pasión, complicidad y ante todo algo que no era perceptible para el resto de la humanidad y solo lo entiende aquel que algún día ha llegado a sentir un amor así; pura lealtad.

La esperanza de Rachel sobre el amor

Tan solo sabía sus nombres que escuchaba a diario entre las risas del otro, Mía y John, John y Mía.

Se habían convertido en el pasatiempo favorito de Rachel.

Nunca cruzó palabra con ellos, prefería admirarlos desde la distancia.

Alguna vez pensó incluso escribirles una carta, y decirles que bajo ninguna circunstancia dejasen de amarse de ese modo, que el amor fuese por encima de todo y todos.

La esperanza de que el amor verdadero era real y aún existía en los tiempos actuales para Rachel, era ver a esta pareja diariamente.

Nunca se preguntó hacia donde dirigían su viaje desde que subían en la estación de Santa Bárbara y cuál sería su destino final ya que ella siempre bajaba en San Francisco para ir al psiquiátrico y los amantes seguían su recorrido.

Nunca en aquellos tres años notó indiferencia en la mirada del otro.

No vio que prestasen atención a otra cosa que no fuese ellos mismos. Le parecía asombrosa esta pareja de locos amantes enamorados desertores del mundo real de vicios y traiciones.

Ya de vuelta en los Ángeles. Rachel salía del apartamento de uno de sus salvajes amantes una noche excesivamente calurosa.

Alguno que otro era habitual para ella porque no la exigían más de lo que la joven podía dar, ni ella sentía más allá del placer tras los hilos de las sábanas y un rato de buena compañía.

La señorita buscaba un taxi para volver a su piso y escuchó un fuerte ruido, al mirar vio por un lado una moto derrapando sobre el asfalto, un cuerpo de hombre rodando del mismo modo y una mujer que salió volando unos cuantos metros más lejos.

Salió corriendo hacia ellos, llegó primero hacia el cuerpo masculino y con máximo cuidado le subió el casco para no rasgar su cara con los cristales no podía creerlo. ¡¡¡Era John joder!!!!

La moto seguía arrancada girando sobre el asfalto, él estaba muy desubicado sin saber por qué coño esa joven pelirroja sabía su nombre.

Él no dejaba de preguntar gritando desesperado dónde estaba su mujer.

Rachel le pidió por favor que se fuese corriendo de ese lugar, le juró que ella cuidaría de Mía antes de que llegase la policía y lo llevasen detenido por estar conduciendo borracho y haber creado daños en la vía publica…

Puedo asegurar que Rachel era una persona que siempre cumplía su palabra, aunque John esto no tenía modo humano aun de saberlo.

Continuará…. 

-Sara J Pajares-

#Locapormitutú

*Esta historia original pertenece a ESCRIBO A BALAZOS.

Hasta que decidí dar un giro a la historia original y continuarla ya que la mujer de John no merecía morir o al menos, no de ese modo.

Desde Loca por mi tutú siempre seré fan de sus relatos, de la chulería y la seguridad de sus palabras…

Capítulo 1John visita a la luthier

Capítulo 2; Su mente repetía ¡Folláme cabrón!

Capítulo 3; Ella y él, vida por vida unidos en un sentimiento.

Capítulo 4; La melancolía del recordar

Capítulo 5; Carta a carta a John

Capítulo 6La consciencia de John ardía.

Capítulo 7; Rachel y los secretos del ascensor

Capítulo 8; El vagón business de camino a los Ángeles

Capítulo 9; Desnudando a Mía

Cada post publicado, son mis emociones y mis ganas de cambiar el mundo. De mandar mensajes de ánimo a quienes no tienen un buen día, de crear esperanza y hacer que todo el mundo que forme parte de Loca por mi tutú, sienta esa ilusión y emoción por vivir cada día.

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