the header image
Loca por mi tutúNo puedo dejar de estar loca por mi tutú ya que con el he vivido las aventuras, desventuras y torpezas de mi vida.
El vagón business de camino a los Ángeles

El vagón business de camino a los Ángeles

12

Aquel bendito vagón business fue un regalo para nuestra fémina pelirroja.

Rachel salió esperanzada del despacho de Martín, aunque él no le asegurase nada sobre el paradero de John.

Sabía que ese cabrón cada vez que la había prometido algo, era capaz de mover el mundo entero con tal de lograrlo.

Año y medio después de aquel trágico accidente…

Se encontraba algo cansada. Aquel polvazo en el ascensor la había dejado sin fuerzas y necesitaba descansar un par de horas antes de coger el tren hacia los Ángeles.

Allí fue el último lugar donde vio a John la noche del trágico accidente, pensó que sería un buen lugar por dónde empezar.

Se metió en el primer hotel que se cruzó al salir del edificio.

Ya en la habitación, recordando lo que había ocurrido horas atrás en aquel ascensor, la daban escalofríos.

En ese momento, deseaba haber dado su número de teléfono a aquel lobo hambriento para volver a vivir una experiencia sexual tan placentera como aquella.

Rachel era muy sensual, disfrutaba mucho de los encuentros sexuales esporádicos.

Fabricaba placer allí por donde pisaba.

Ella lo sabía, no necesitaba halagos ni abrazos al finalizar. Siempre dejaba huella en sus amantes por su sensualidad.

Cierto es que nunca había vivido una experiencia similar como la que ocurrió en aquel ascensor. Esa historia le iba a servir durante un tiempo para dejar su deseo aflorar.

Se dio una ducha fría y sin darse auto placer aquella noche, como solía hacer atardeceres atrás, se dispuso a dormir.

La damisela se despertó una hora antes de que sonase el despertador, los nervios no la dejaron dormir con tranquilidad.

Con calma, se puso en esta ocasión una falda de tubo negra que marcaba sus caderas de un modo subliminal, como para levantar cualquier cosa sin ni siquiera tocarla con el vaivén al caminar de sus caderas.

Una blusa con estampado de cebra y el sostén a conjunto para dejar un par de botones más desabrochados de la cuenta.

Hizo rápido la maleta y se fue corriendo del hotel para coger aquel tren de camino a los Ángeles.

Ya en la puerta de embarque, llegó pausada, por una vez no era necesario correr.

Dejó sus maletas en la cinta de seguridad y la muy cabrona sonreía sin cesar.

Sabía que aquel guarda de seguridad vería en la pantalla todo lo que escondía en su maleta.

Unos conjuntazos de lencería que quitaban el hipo incluso al más retraído, y un par de vibradores con diferentes formas y colores que el guardia no lograba descifrar.

Ella de algún modo deseaba que la hiciesen abrir la maleta para ver la cara de aquel pánfilo al sacar sus juguetes sexuales.

Rachel era provocadora por naturaleza.

La encantaba seducir con su mirada, sus actos y sentirse deseada por los sedientos salvajes de su placer.

Todo siguió en calma. Guiñó un ojo antes de marchar a aquel simpático guardia y él sin duda sonrió porque ambos sabían el contenido de esa maleta.

Ella montó en el vagón business intacta, sin haber sido devorada por ningún inocente hombre.

Colocando su maleta en la parte posterior de los asientos, un joven fortachón la ayudó a subirla.

A ella se le alertaron todos los sentidos con aquel muchacho al que aún no había podido ver el rostro. Solo sintió su gran cuerpo pegado tras ella.

Rachel se giró para darle las gracias y se quedó deslumbrada por la belleza de aquel varón.

Suspiró fuerte. Sintió que por un momento era la cara más bonita que había visto jamás.

Ella se sonrojó inmediatamente y jugó con el escote de su camisa de estampado de cebra. Como mecanismo de defensa hacía el nerviosismo y el calor que sentía por toda su figura corporal.

Casualidad o no a ellos les tocaba tomar asiento juntos en aquel vagón business del tren.

Ella por educación le dio a elegir ventanilla o pasillo, el muchacho sonrió con picaresca y le dijo;

— ¿Cuál es tu mejor perfil? Porque es lo único que quiero mirar durante todo el trayecto.

Ambos rieron a la par y se sentaron.

Rachel tenía que hacer unas llamadas urgentes a contactos que le había facilitado Martín para encontrar a John antes de llegar a los Ángeles.

No era capaz de concentrarse en esa historia, necesitaba vivir la suya propia con aquel joven en el vagón business del tren.

Ella sabía que era sensual. No precisaba de escotes pronunciados para impresionar, ni minifaldas de infarto.

El truco estaba en su mirada, hablaba por ella, era capaz de desvelar todo lo que pasaba por su mente.

No dejaba de mirarle mientras él hablaba. La verdad es que a ella le importaba una mierda lo que él le estaba contando, solo quería besarle en ese preciso instante.

Ella mantuvo un rato la compostura antes de dar paso al espectáculo. 

Joder el jodido hablaba demasiado. La estaba saturando y aburriendo, o ella hacia algo rápido o adiós deseo.

Con lo que su picarona sonrisa le soltó;

— ¿Deseas besarme o estas ganas son solo mías de taparte la boca con una buena mezcla de sabores?

Él inmediatamente la cogió la cara con sus dos grandes manos y comenzó a besarla con tantas ganas, que incluso el ayudante del maquinista que fue avisado por la azafata, casi se pasó la siguiente parada.

Mmmm que ricos saben los besos con ansia de placer.

No como cuando éramos niños que siempre nos quedábamos con ganas de más y nos íbamos a casa con el calentón sin descargar.

A cierta edad, el sexo deja de ser un tabú sin limitaciones, de citas predefinidas antes del acto, de prejuicios que te impones a ti mismo y que al romperlos después te sientes culpable.

Estuvieron mucho rato jugando. Echando un pulso con sus lenguas.

Entre tanto ella de vez en cuando le marcaba mordiendo suave, demostrando quién tenía el poder de aquellos morreazos.

vagón business

La temperatura empezó a subir en aquel vagón business a pesar de la fuerza del aire acondicionado.

Él comenzó a bajar sus grandes manazas de la cara de la fémina hacia su cintura.

Tan despacio y con tanto tacto, que a ella le recorrían escalofríos por el deseo que él llegase cada vez más abajo.

Sentía calor en todos sus miembros, quería que él tocase cada uno de ellos.

El apuesto joven bajó la mano hacía los muslos de Rachel.

Jugueteando con su rodilla. De vez en cuando apretando su muslo cada vez que ella le daba aquel mordisco tan sensual, que a él le ponía como a un animal salvaje.

Poco a poco la mano comenzó a subir, ella deseaba sentir el tacto de sus manos dentro de ella.

Las azafatas pasaron de largo sin mirar solo para cerrar las cortinas de aquellos asientos bussines donde por suerte solo estaban ellos dos.

La diosa peliroja no pudo con tanta tensión.

Se sentó frente a frente encima de él. Quería sentir la dureza de su miembro, sentir su tamaño, que ya intuyó que aquel muchacho no calzaba nada mal.

Siguió besándole, mientras de vez en cuando ambos se acercaban a los lóbulos de sus orejas para dar un respiro a sus lenguas llenas de ansia por amarse.

Él de vez en cuando la susurraba;

— Joder como me pones granuja y eso a ella la excitaba aún más.

Rachel se meneaba al compas de los besos encima de aquel joven, sintiendo la dureza de su miembro, ardiendo por el deseo de sentirlo dentro.

Ella le ronroneaba como una buena gata en celo.

La suerte de la muchacha al ser clitoriana es que aquel roce la estaba llevando al abismo del olimpo.

Con una mano y buena soltura que la venía de cuna, le desabrochó el pantalón del traje. El la aupó para poder bajarse un poco el pantalón y quedarse en bóxer.

La falda de Rachel fue inteligente, se subió hasta sus caderas cuando ella se puso encima de él.

Mientras ella se meneaba encima de él, él jugaba con los encajes del tanga de Rachel acariciando sus labios vaginales y de vez en cuando saludando con suaves roces a su clítoris para escucharla gemir y que ella le mirase con esa mirada hambrienta de felina con ansia de más placer.

El muchacho no era consciente de lo que iba a ocurrir segundos después.

Rachel jadeando tuvo su primer orgasmo solo con el roce de ambos.

Ella sonrió descarada y le dijo al odio;

— Cariño soy multiorgásmica no te preocupes, esto aún no ha acabado.

Tan descarada era Rachel que sabiendo que las azafatas no iban a pasar de nuevo en un buen rato por allí, se arrodilló ante él.

Le bajó el bóxer hasta los preciosos tobillos del joven y comenzó a sentir en sus labios el sabor de aquel miembro que estaba bastante mojado.

Empezó dando pequeños lametones, subiendo la mirada para ver la cara de placer de aquel cabronazo.

Él resoplaba nervioso. Ella seguía jugando sin llegar a metérsela hasta el fondo para acariciar su garganta.

Le lamía una y otra vez, y de vez en cuando metía la punta y un poquito más en su boca para saborear aquel exquisito manjar.

Con una mano le masturbaba suavemente. Él que estaba enloqueciendo por momentos de placer, la empezó a agarrar con una mano el pecho y con otra del melenon para guiarla.

Ella volvió a mirarle mientras se la chupaba. Le quitó la corbata con la mano que tenía libre porque sentía que en cualquier momento, de algún modo, él podía explotar.

Él de vez en cuando la decía que parase que no podía más.

Ella muy obediente dejo de chupar su miembro para desabrocharle botón a botón la camisa.

Quería ver su gran torso mientras él acariciaba suavemente el cuerpo de Rachel como si fuese un templo bendito.

Le descamisó y agarrando fuerte sus brazos se dispuso de nuevo a ponerse encima de él, esta vez para sentirle dentro, muy dentro de ella.

Joder que placer tan inmenso, por un momento ambos estaban en el mismísimo paraíso.

El varón no dejaba de decirla lo mucho que la deseaba y ella con sus gemidos le correspondía del mismo modo.

Era su mejor modo de amarle en aquel momento.

Rachel le guio. Cogiendo las manos del muchacho para que agarrase sus glúteos. De ese modo, el impacto de las penetraciones era más fuerte aun.

Se besaban entre suspiros y gemidos, ella se corrió un par de veces más, incluso posiblemente tres.

Replicaba por dios y por todos aquellos santos que la estaban llevando al mismísimo cielo en cada orgasmo.

El sonido de los cachetes de Rachel en los muslos de él, era el hilo musical de aquel vagón business, cada vez más intenso y con más ritmo.

Hasta que él la dijo;

— Para, para nena no puedo más.

Ella se volvió a arrodillar, volvió a meter aquel miembro enorme en su boca que tenía mezcla de fluidos de ambos.

Él comenzó a bajar la cabeza de Rachel más y más abajo.

Ella quería probar el sabor de su corrida.

Él intentó apartarla, pero ella quiso beber entero el jugo de su placer.

De cuclillas mientras ella se masturbaba, él pellizcaba los pezones de Rachel, ambos pusieron el sonido final con un rugido y dieron por finalizado aquel polvazo monumental.

Ella sacó toallitas del bolso le limpio a él con cuidado, luego se retocó ella.

Le besó apasionadamente y salió corriendo de aquel vagón business con su maleta porque casi se pasó su destino de largo.

Saliendo del vagón business, se despidió del excitante varón con un guiño y lanzándole un beso soplado.

No sin antes haberle dejado su número apuntado con lapiz de ojos en un ticket de su próximo hotel.

Rachel fue al baño de la estación para terminar de retocarse y poder volver a la normalidad.

Ya estaba en la gran ciudad. Oliendo a placer por raudales.

Comenzó a llamar a los contactos que Martín la había facilitado para buscar pistas que la llevasen a John.

Calmada y relajada, ya podía pensar con claridad hacia el objetivo que la había llevado a los Ángeles.

Nadie sabía nada de aquel guitarrista solitario. Parecía como si hubiera desaparecido del mapa, pero Rachel no perdía la esperanza de encontrarle.

Sabía que John seguía vivo en algún lugar, sin saber que su amada Mía también lo estaba. Ella se encargaría de que se reencontrasen costase lo que costase.

Continuará…

-Sara J Pajares-

#Locapormitutú

*Esta historia original pertenece a ESCRIBO A BALAZOS.

Hasta que decidí dar un giro a la historia original y continuarla ya que la mujer de John no merecía morir o al menos, no de ese modo.

Desde Loca por mi tutú siempre seré fan de sus relatos, de la chulería y la seguridad de sus palabras…

Capítulo 1John visita a la luthier

Capítulo 2; Su mente repetía ¡Folláme cabrón!

Capítulo 3; Ella y él, vida por vida unidos en un sentimiento.

Capítulo 4; La melancolía del recordar

Capítulo 5; Carta a carta a John

Capítulo 6La consciencia de John ardía.

Capítulo 7; Rachel y los secretos del ascensor

Cada post publicado, son mis emociones y mis ganas de cambiar el mundo. De mandar mensajes de ánimo a quienes no tienen un buen día, de crear esperanza y hacer que todo el mundo que forme parte de Loca por mi tutú, sienta esa ilusión y emoción por vivir cada día.

Me encantaría saber tu opinión... ¿Comentamos?

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Share
A %d blogueros les gusta esto: